miércoles, 17 de marzo de 2010

Breve demagogia de la distancia

Vivo en la distancia. Mi equipaje es el camino que hago. No estoy lejos ni cerca. No deshago ni guardo la maleta. Mi mente siempre está dispuesta a seguir a mi cuerpo y, si no, lo arrastra.
El resto son fotografías, llamadas, visitas, recuerdos,…
La distancia me ha aportado todo lo que tengo y esto es, en definitiva, lo que soy. Con ella he aprendido que bailando el olvido no existe el rencor, que mi casa no es un hogar, que volver es más que un tango, que el viento siempre sopla, que los dogmas son contingencias, que las heridas matan si no cicatrizan, que las inquietudes son cosquillas en el corazón o que vale más el después que el antes desde hoy.
Me gusta levantar el vuelo, hasta me parece una frase llena de poesía y sentido aunque también es importante saber aterrizar.
La distancia ha sido mi educación básica que he complementado con sus orígenes foráneos y excursiones por bares, conciertos y alguna que otra amistad.
Quizá la verdad esté en mi continua huida… de mí.
Distancia tiene nombre de mujer, de familia, de amigos, de recuerdos, del cariño en peligro de extinción, de los besos añorados, del guiño de la despedida, de las lágrimas de la sonrisa, del abrazo sincero, de esta letanía demagógica, de quien escribe,...

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