jueves, 11 de marzo de 2010

Emigrar o inmigrar, he ahí la cuestión

El Nivel Económico y Social de un país tiende a ser reconocido, que no demostrable, por el índice de inmigración o emigración del mismo. Sin embargo, a nuestras costas siguen llegando miles y miles de personas, especialmente desde los años 90, buscando una “oportunidad”, pese a los nuevos índices económicos. De hecho, según el censo INE 2009, el 12% de la población española es foránea.
A nadie se le escapa que vivimos una época de recesión. Si históricamente hemos recibido inmigrantes, mayor aún ha sido la emigración. Con la crisis del petróleo de 1973 dejó de ser significativa, pero cabe destacar la fuga de cerebros, universitarios que, al acabar su formación científica, no regresan. También dejan constancia de ello los profesionales de título académico que emigran, como se ve reflejado, sin ir más lejos, en el gremio sanitario. A día de hoy, se requieren unos nueve mil facultativos y más de ocho mil han emigrado para ejercer su profesión. Y si siguen las noticias, sabrán que la Sanidad está retrasando pagos por falta de presupuesto.
No es de extrañar pues que, países como el Reino Unido, Suecia o Portugal, donde suelen ofrecer a estos profesionales mejores condiciones laborales, facilidades para la investigación y más conciliación familiar, reciban nuestros emigrantes, para ellos inmigrantes.
Algunos facultativos indican que esta crisis que atravesamos se ve agravada de inicio por un sistema estructural de los oficios mal establecido en general, no sólo en la medicina, véase el caso del sistema judicial que tiene cerca de tres millones de “casos pendientes”, por ejemplo.
Creo en el sistema económico proporcionalmente ligado al mercado de consumo. Hay que hacer encajes de bolillos con las cifras, sin duda, con todos los factores conocidos y dar un margen a lo imprevisible. La industria del ladrillo ha reventado pero se me antojan otros mercados que acabarán reventando igualmente: el mercado deportivo profesional, el publicitario o el televisivo.
No concibo cómo puede generarse tanto con el humo… salvo que lo desprenda el tabaco, claro, pero se han propuesto acabar con este negocio.
El tabaco genera un producto que se consume, no se regenera sino que se ha de reponer para los consumidores, como la alimentación o el textil. Esos son, pienso yo, mercados establecidos de consumo que ayudan a la estabilización –independientemente de lo que cada uno estime moral, no estoy tratando ese asunto-.
El deporte, sin embargo, cada vez mueve más dinero. Bien, el generado por la asistencia a los eventos es, como el tabaco, un producto que se consume y se repone pero los ingresos generados por publicidad y televisión son cada vez mayores y me temo que se están alcanzando unos presupuestos insalvables. Lo peor de todo es que no escarmentamos y, cuanto mayor sea la torre, más entorno abarcará.
Concluyo: Los emigrantes e inmigrantes sólo nos distinguimos en el paso tomado en una frontera.
Y acabo: No es lo mismo vender tabaco que, directamente, el humo.

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