viernes, 26 de marzo de 2010

La casa por el tejado.

Hay diferentes términos para abordar un aborto, aunque ninguno como el que define a alguien tan sumamente feo como un engendro.
Disculpen esta nota de humor en medio de este tema lodoso que me dispongo a abordar.
No voy a declinarme a favor o en contra. Creo que primero nos deberíamos plantear el tema de la seguridad a la hora de llegar a realizarlo. Con casi todos los temas nos sucede lo mismo, empezamos a debatir si es moral o inmoral, si es legal o ilegal, si perjudica o es bueno,… ¡Por favor, si algo nos caracteriza es que todos somos diferentes! ¿Cómo vamos a tratar de ponernos de acuerdo en todo? ¡Ocupémonos pues, primero, de la efectividad y ya habrá tiempo para debatir el resto, de decidir si hay que poner tejas o pizarra en el tejado!
Sucede lo mismo con las drogas, la educación obligatoria, las lenguas, las prostitutas,… En realidad pienso que siempre hay alguien interesado en generar esta clase de debates que dividan a la sociedad. Ya lo dijo –o se lo atribuyen- el emperador romano Julio César: “Divide et impera” –divide y vencerás-.
Empecemos, pues, desde la base, sugiramos una adecuada formación sexual. Sigamos con la salud y proveamos adecuadamente la Sanidad –sin denostar la salud en general-. Si no me he dejado algún matiz vital por el camino, una vez que hayamos cumplido con estos objetivos (evidentemente, a medio-largo plazo), podremos comprobar que los cuarenta y pico millones de abortos anuales en el mundo se reducirán considerablemente. Si lo pretendemos a corto plazo, no será ni pan para hoy.
Entonces podremos plantearnos si abortar conviene o no. Habrá menor número de casos que cuestionar y eso hará menos complicado establecer un rigor que, al menos, no perjudicará a tantas personas. Ya por fin, con un argumento razonable en las manos, deberían de ser los tribunales médicos, siempre desde la “injuriada” imparcialidad, quienes decidieran si corresponde o no.
Por cierto, ¿aborto?, depende.

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