viernes, 23 de abril de 2010

Amazonas y esclavas.

Muchas han sido las situaciones de la mujer en la historia. Salvo la leyenda de las Amazonas, y siempre allende los confines de la civilización, no ha existido un imperio tan matriarcal como patriarcales han habido, hay y, posiblemente, sigan habiendo.
En la actualidad, en nuestra cultura la mujer ha ido recuperando el lugar que le corresponde en la sociedad y en el planeta como persona -exactamente el mismo que el del hombre-, aunque aún quedan flecos -desproporcionados si atendemos a las feministas, tan visceralmente injustas como los machistas-. Y nótese que tendemos a distinguir, principalmente, la cultura occidental y la oriental.
Choca pues escuchar o leer en los medios de comunicación la problemática que surge continuamente por el uso del hiyab u otras ornamentaciones que oculten la cabeza. Aunque no hemos de olvidar que los medios se ganan mejor la vida con la mediatización de las noticias, lo cual ha de tenerse en cuenta para ser imparcial.
Y me joden los estigmas mentales cuando se somete al expolio verbal la actitud de las mujeres islamistas.
Sangro por su uso condicionado por género o de clase social. No por moda o convicción religiosa. En el catolicismo es común el uso de un velo como un complemento en la práctica de los sacramentos y en la mayor manifestación de esta religión se ocultan bajo capirotes los penitentes o se cubren con mantos a las vírgenes. Y no hemos de olvidar a las ancianas del área mediterránea, por poner un ejemplo.
Ahora, cuando viajamos a otros lugares, hemos de respetar las normas de culto, como descalzarse para entrar en un templo, y de ley o terminamos pagando por ello. Así deben respetarse todas las culturas, incluida la nuestra. Es sólo cuestión de despojarse, un@s y otr@s, de esos vestigios preconcebidos y tratar de hallar un punto intermedio de convivencia entre las culturas -utopía, se dice-.
Aunque esto es sólo la opinión de un tipo sin religión ni cultos que procura respetar cada postura.

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