martes, 6 de abril de 2010

De los Libros Prohibidos y del anonimato

Uno de mis autores favoritos, de siempre, ha sido el creador de obras como Robin Hood, El Cantar del Mío Cid, Las mil y una noches o El Romancero viejo.
Pues bien, una de mis obras preferidas ha dejado de ser Anónima para pasar al legado del poeta y diplomático Diego Hurtado de Mendoza, a quien tendré que situar entre mis prelados literarios, pues es autor, nada más y nada menos, de "La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades".
Dicho desengaño sobre la autoría de la que posiblemente sea la primera novela moderna se lo debo a nuestra paleógrafa contemporánea Mercedes Argulló, quien ha llegado a esta conclusión gracias a unos documentados hallados en la testamentaría del cronista López de Velasco, que fue albacea de Hurtado de Mendoza.
Tampoco es de extrañar que se ocultara tras el anonimato pues, al poco de ser publicado en pleno siglo XVI, fue censurado llegando a formar parte del Catálogo de los Libros Prohibidos debido, en gran parte, a un contenido demasiado obsceno e irreverente para aquella época.
Autores como Fernando de Rojas -La Celestina-, Sebastián de Horozco -Emblemas morales- o Lope de Rueda -Eufemia-, entre muchos otros, se quedan sin esa prestigiosa autoría que se les había supuesto.
No hemos de olvidar, dicho sea de paso, que en esa época negra de nuestra historia, convivían la censura real con la inquisitorial, aunque esta última se ensañaba más con las obras de teatro por su capacidad de llegar a quienes no sabían leer.
Es de mi parecer que la censura de esta época y de todas en general actúan desde la ignorancia. Es una lástima que no supieran paladear tan sugestiva lectura.

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