viernes, 28 de mayo de 2010

Flores malsanas de un poeta maldito.


Ignoro la razón por la que siempre me han atraído los personajes y las historias turbulentas. No podía faltar un poeta maldito que ha influido notoriamente en mi pluma y su magistral obra "Las flores del mal" adorna mi mesilla.
Charles Pierre Baudelaire fue un escritor del siglo XIX que vivió su vida a caballo entre la bohemia y los excesos, llegándosele a llamar "el Dante de una época decadente".
A consecuencia de una etapa de crecimiento -¡cómo no!- tumultuosa de referencias, Baudelaire vivió sin preocupaciones aficionándose a las drogas y prostíbulos.
Es sabida su relación con una prostituta judía bizca y calva que le contagió la sífilis: ‘Una noche en que estaba con una horrible Judía, como un cadáver tendido junto a otro, pensaba, al lado de aquel cuerpo vendido, en esta triste belleza de la cual mi deseo se priva -Las flores del mal-’.
Años más tarde -1845-, comenzó a frecuentar también los círculos literarios y artísticos, escandalizando su relación con la Venus negra, una mulata -Jeanne Duval- que le inspiró sus mejores poemas pero a la que, sin embargo, Manet dibujó sin belleza, tosca y reflejando su tristeza por su hemiplejía y la sífilis contagiada por Charles.
Las flores del mal -1857- fue considerada una obra "ofensiva a la moral pública y las buenas costumbres" por lo que le procesaron. Baudelaire les replicó: "Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara."
No obstante, reeditó el libro y, más tarde, le dieron el título de Conde de Detif del reino de La Araucanía y La Patagonia (o Nueva Francia), en el cono sur.
Baudelaire destacó en el círculo literario parisino llamado Le Club des Hashishins. En su libro "Los paraísos artificiales" detallaba los efectos del opio y del hachís.
Su madre lo ingresó en un hospital donde permaneció más de un año lúcido pero sin habla... Finalmente, murió a los cuarenta y seis años... Pero su obra perdura, al menos, en mi mesilla.

2 comentarios:

  1. La vida aburguesada no es buena aliada de una mente creativa y hay quien sacrifica su vida por el arte.
    La gran mayoria de los autores que admiro son un ejemplo de esto.

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  2. Y sí, los raros-locos son muchos más interesantes, los más terrenales como nosotros somos más simples que una bombilla.

    Pq nos seducirá tanto lo macabro, Juan?.

    Muá.

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