viernes, 18 de junio de 2010

Jaque mate al campeón.

Fue en la adolescencia, cumplidos los 15, que Robert James "Bobby" Fischer alcanzó el título de Gran Maestro del Ajedrez -hoy día, los sistemas informáticos permiten alcanzarlo antes-.
A pesar de poseer un coeficiente intelectual de 184 -o, quizás, por ello- dejó entrever su constante paranoia, desde peticiones de subir unos centímetros el retrete de la habitación de un hotel hasta mostrar su entusiasmo por el atentado de las torres gemelas, tras su expulsión del país.
Su estilo de juego era universal, o lo que es lo mismo, dominaba todas las tácticas y técnicas y lograba su objetivo de vencer de manera asombrosa o trivial, como más le conviniera.
En una ocasión, se retiró por el exceso de partidas del calendario y regresó minutos antes de perder por incomparecencia, con la mitad del tiempo asignado transcurrido y ganó con facilidad. Pero sus creencias le imponían ese descanso.
Destacaba por la rapidez con la que jugaba, sin dejar de memorizar sus partidas al detalle.
De origen estadounidense, acabó con la hegemonía rusa sobre el tablero en plena guerra fría, los cuales llegaron a aliarse, simplemente, para que ganara un ruso.
Después de muchos trofeos, reconocimientos y records deslumbrantes, optó por retirarse, apareciendo tan sólo en una ocasión tras 20 años, en 1992, que le valió una condena de 10 años de cárcel por escupir en una Orden que decía que violaría sanciones de las Naciones Unidas si jugaba al ajedrez en Yugoslavia, lo que hizo, exiliándose a Islandia.
En 1996, publicó una variante de ajedrez en la que la posición de salida de las piezas era aleatoria -excepto la de los peones-.
En el año 2004, fue detenido en Tokio por llevar el pasaporte caducado, cuando iba a Filipinas a ver a su única hija. El gobierno estadounidense reaccionó y pidió su extradicción. Una carta de su contrincante Boris Spassky a George Bush pidiendo que retirasen las acusaciones contra Fischer por su relevancia para el deporte estadounidense o que le encarcelaran con él para jugar al ajedrez en la cárcel ayudó a lograr, junto a la acogida del parlamento islandés, la clemencia con la que Fischer pudo esquivar la cárcel regresando a Islandia.
El dueño del tablero falleció a las 64 casillas anuales de una vida en la que siempre luchó por ser integral. Se negó a rodar anuncios que fueran mentira -tocando el piano porque no sabía o echándose una crema al pelo que no utilizaba-, a pesar de las suculentas ofertas.
Ahora, las autoridades judiciales islandesas han ordenado la exhumación del cadáver del genio para esclarecer a quién pertenecen los dos millones de dólares que Fisher no legó antes de morir y que se disputan su supuesta hija, su esposa en el momento de la muerte, dos sobrinos y el ministerio fiscal de Estados Unidos.
Jaque mate.

2 comentarios:

  1. Esto si que es una historia para contar y meditar y lo demás es tontería, gracias.

    PD: Tenemos que tener un cuidaito los sobrinos...tela eh.

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  2. Muchas gracias, Triana-Bel... de verdad.
    Y tendremos que tener cuidado ;-P

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