miércoles, 9 de junio de 2010

Vuelva usted mañana, Fígaro.

Un funcionario pertenece al conjunto de organismos necesarios para que el Estado ejerza sus funciones. Hasta ahí, creo que cualquiera puede considerar que sean necesarios.
Se calcula que en España hay un funcionario por cada 18 habitantes -5,52% de la población- y uno por cada siete trabajadores. Bien, creo que el tema no es si hay demasiados o pocos, aunque se pueda tergiversar. ¡Ojalá se pudiera mantener un mayor número de ciudadanos con la estabilidad que proporciona un funcionariazgo!
El problema surge cuando la estructuración resulta caóticamente desproporcionada a los servicios públicos requeridos en un país.
No entiendo -y mucho menos con la ayuda de los avances tecnológicos- cómo pueden ser necesarios tantos empleados burocráticos y cargos intermedios correveidiles que lo único que consiguen es ralentizar el servicio que el ciudadano ha de recibir del Estado.
Un empleado público burocrático no debería requerir a un ciudadano -en muchas ocasiones por duplicado y, supongo, casi nunca por antojo- datos que ya constan en los archivos informáticos, a petición o por necesidad, de la administración. Ese caos lo termina pagando el ciudadano -funcionarios incluidos-. Es así, sumado al tiempo de resolución y escalones del proceso, como se granjea la conocida fama del funcionario y que ya describiera sobre 1832 el gran y admirado Fígaro -Mariano José de Larra- en su artículo "Vuelva usted mañana (artículo del Bachiller)". El título ya da bastante a entender de su contenido: http://www.ensayistas.org/antologia/XIXE/larra/larra12.htm
Creo que se deberían de potenciar los activos y reestructurar los pasivos en este aspecto.
Afortunadamente, también hay que decir que se han generalizado estos puestos a través de un proceso de selección transparente y abierto a todo el mundo, "de iure".
No hemos de olvidar la ventaja de la accesibilidad a nuestra sanidad, a la justicia, a la docencia, a los servicios sociales,...
Ahora, vuelven a estar en boca de todo el país por la reducción de sus jornales. El problema, como siempre, no es de colores. Nuestros gobernantes no han opositado para desempeñar los cargos que ostentan y, al respecto, me mantengo en lo expuesto anteriormente en este blog: http://donjuandelacalle.blogspot.com/2010/03/el-oculto-poder-del-pueblo.html

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