martes, 24 de agosto de 2010

Viajeros al tren.



Los viajeros llegamos a tener los hogares más variopintos ubicados en los lugares, por supuesto, más dispersos.
Uno de esos hogares lo encuentro cada vez que me subo a un tren, con sus estrechos y alargados salones sociales con varios televisores, radio, baños, bar-restaurante… Incluso, algunos, con cama.
Recorren el mundo a través de sus venas de hierro artificiales implantadas por la humanidad para desarrollar la comunicación, unas vías que tienen su origen en las minas europeas de mediados del siglo XVI. Entonces, se usaban para transportar la carga sobre carros de cuatro ruedas y eran tablas de madera paralelas.
Hasta la llegada del vapor, eran empujados por hombres o animales. Luego, en 1801, se realizó el primer transporte de viajeros sobre raíles de hierro, en Inglaterra, tirados por caballos. Fue entre las localidades de Wandsworth y Croydon, y supuso un hito en la historia del transporte. Y más tarde, en 1804, surgió la primera locomotora del mundo, la “South Wales”, que alcanzaba la velocidad de 8 kilómetros por hora.
La primera locomotora española se inauguró en 1837 ¡en Cuba! Y fue en 1848 cuando se estrenó la primera locomotora peninsular, entre Barcelona y Mataró.
Con este “nuevo” sistema de acercamiento se hizo imprescindible la creación de las estaciones cuyo principal objetivo es el de regular ese continuo vaivén de trayectos pero que, sin duda, ha dado cobijo a quienes nos aventuramos, de vez en cuando, a mezclarnos con l@s que vienen, l@s que van, l@s que se quedan, l@s que siempre estuvieron, l@s que sólo van a despedir,… Me abordan cientos de canciones, libros, películas o cuadros sobre este tema.
Para mí, han supuesto un punto de partida, nunca de llegada. Un punto de reencuentro, nunca de abandono. Han enriquecido el bagaje de conocidos a mis bolsillos vacíos de amistades eternas. Es por eso que no puedo, por menos, dejar de evocar las estaciones de Segovia, Atocha, Chamartín, Linares-Baeza, Huesca, Zaragoza, Tardienta, Jaca, Canfrán, Córdoba, Sevilla, Valladolid, La Palma del Condado, Huelva,…
Por cierto, la foto la tomé en mi último viaje hace pocos días. Es Chamartín.

2 comentarios:

  1. A mí todo esto me recuerda a Tom Sayer, querido!!.

    Ya me contarás, a mí viajar es de las cosas que más me satisfacen pero sin comparación.

    Perdiste algún tren?, yo recuerdo perder una avión a Barcelona desde Málaga, una idiotez.

    Besos.

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  2. ¡Gracias, guapa! La verdad es que no he perdido ningún tren, disfruto de las estaciones y siempre voy con antelación... Me gustaría ser más Mark Twain o, en su defecto, Huckleberry Finn, jeje.
    En los trenes de la vida tampoco, aunque alguno vea pasar de largo ;-P
    Un besote, guapa.

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