sábado, 11 de septiembre de 2010

De Moguer a El Espinar.

Voy a ausentarme durante unos días. Me voy a la puerta de Castilla y León, la Muy Ilustre Villa de El Espinar, situada al pie de la sierra de Guadarrama en la provincia de Segovia.
Son mis orígenes, sin duda, los que me llevan a aquellos magníficos parajes naturales que lindan con las provincias de Madrid y Ávila, situado a casi 1200 metros sobre el nivel del mar, donde el pino cubre sus montes de granito surcados por multitud de arroyos que nacen en fuentes.
Es la parte alta de la vertiene sur del río Duero, en la separación de cuencas hidrográficas que realiza la cordal de la sierra de Guadarrama.
Me dirijo a unirme a sus casi 10000 habitantes en la celabración de sus fiestas en honor al Cristo del Caloco, a la que asisten miles de personas de todos los lugares, pero especialmente de Madrid.
Pasearé por sus montes bordeando los ríos y trataré de unirme a los concursos -disfraces, deportes, cucaña, corte de leña,...-, bailes -especialmente La Respingona en la Plaza de la Corredera- y festejos diurnos y nocturnos -de todo tipo, suelen encargarse las peñas, pandas y quintos de darle motivación-,... Hasta la noche del teo donde se enciende una hoguera que se vislumbra desde el exterior de la plaza de toros y dura unas seis horas en las que se turnan dos orquestas. A la mañana siguiente, romería hacia la ermita a pie.
No voy a extenderme más, he de hacer las maletas y estoy ansioso por ver el momento de apearme con las maletas en la puerta de la casa que mi familia tiene allí porque es cuando empiezo a vibrar con lo que os he descrito.
Que paséis buenos días mientras tanto. Yo abandono la tecnología punta hasta mi regreso.

Besos castos... y, por supuesto, estáis invitados.

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