lunes, 1 de noviembre de 2010

Poemas tecno-i-lógicos.

Puede que una calculadora llegue a programarse hasta para hacer poesía, no lo dudo. Los avances que aporta la ciencia se me escapan por la complejidad de lo necesario para efectuarlo... Pero no concibo esa poesía, se me antoja fría como las pilas o la batería con que funcione.
Pues bien, Google ha presentado un traductor de poesía. ¿Cómo está configurado el software para llevar a cabo esta tarea? Pues, como digo, se me escapa. Y siento ser excéptico hacia el resultado que pueda aportar. Trato de imaginar qué nos puede ofrecer.
Las máquinas ya son capaces de contar versos y distinguir la rima consonante, asonante o ausente de un poema y, a partir de esos datos, descifrar si es de arte mayor o menor, si es un alejandrino o un serventesio,...
Quizás también sea capaz de traducir de un idioma a otro -eso no lo dudo a estas alturas- pero, si no he entendido mal, ¿guardar la musicalidad sin "emborronar" la idea del autor? No creo. Y espero también que no sea así porque se cargaría de un "plumazo" un empleo que siempre he valorado y que, dado que el sentimiento es lo principal que se ha de traducir, pensé que sería irremplazable.
¿En serio puede una máquina traducirme a Shakespeare, Brassens o Brecht conservando toda la esencia y sentimiento, a la par que el significado con la misma métrica y rima? Si es así, tendré que tirar a la papelera todas las canciones que, tras traducir, he procurado adaptar guardando las "maneras". Es una tarea que, quizás por lo complejo, me apasiona.
Dado que aún no está activo, aguardaré a ver qué pasa y de lo que es capaz. Celebro, no obstante, que la poesía haya sido objeto de un reto tecnológico. En mano y pluma de los que escribimos estará aceptar el reto para no vernos superados por las máquinas también en los sentimientos.

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