lunes, 13 de diciembre de 2010

Galgo sin correa.

He venido observando durante el transcurso de estos días la "sorpresa" que ha causado, sobre todo en los medios de comunicación -¡hummm!-, la operación "galgo".
A riesgo de parecer cínico, creo que según están de adulteradas las competiciones y el carisma de profesionalización que han adquirido en el que la rivalidad es más cosa publicitaria -personal o empresarial-, tampoco debemos llevarnos las manos a la cabeza por los hechos descritos ni, por supuesto, generalizar.
Habrá quien pueda alegar que a toro pasado es fácil hablar pero esto no es nada nuevo, llevamos años y años con la misma cantinela. ¿Pero Marta Domínguez...? Pues como cualquiera, ¡qué diablos! y crea sospecha quien se vincule a Eufemiano Fuentes.
Se desmoronan los castillos de quienes acucian a la juventud -principalmente- a basar la sociedad en el deporte -por encima, la mayoría de veces, de la cultura-. ¡Qué fácil resulta, a veces, dogmatizar con palabras! Los que nos dedicamos, de algún modo, a tratar de generar y expandir la cultura sabemos a ciencia cierta que el verbo que conjuga una sociedad es la historia pretérita de la misma y que, a base de encajes de bolillos, cabemos todos, los fuertes y los débiles -sé que la constitución defiende esta idea, aunque los gobernantes no la promocionen-.
Y no digo que el deporte no esté bien, no tengo esos prejuicios, es más, creo haber relatado que disfruto -compartido en un bar, prioritariamente- de ciertos eventos deportivos y que profeso cierto seguimiento a algunos deportistas, aunque no más que a ciertos escritores-as, músicos, actrices-actores, dibujantes y demás integrantes de un gremio falto, muchas veces, de los recursos invertidos para los primeros. Pero no me pidan que los enjuicie por tomar sustancias menos nocivas que las que yo puedo injerir mientras los veo -eso sí sería cínico-.
Reitero que no se ha de generalizar, añadiendo que no estoy dando mi apoyo a Marta Domínguez, todo lo contrario. Una cosa es que uno tome ciertos productos y trate de engañar con ello a quien se deje engañar y otra muy distinta dedicarse a traficar con ello, lo cual considero más dañino y un engaño mayor, no sé ustedes.
Espero hacer comprender al sagaz lector que tampoco estoy haciendo leña del árbol caído -eso ya lo están haciendo otros-, sólo recojo la parte que considero que me corresponde.
Dicho esto, puntualizaré que para nada creo que todo se cueza únicamente en la piel del toro ni que esta trama vaya a concluir con estas detenciones -si me apuran, creo que hay algún interés oculto detrás-, ni siquiera es la única profesión o actividad envuelta en estos jaleos, pero sí se genera la sensación -y más entre algunos deportistas, cuasi resignados- de que quien quiera ver un deporte exento de resultados obtenidos por el dóping habrá de acercarse a algún patio de escuela... de momento.
No se olviden de no meter en el mismo saco a todos los deportistas que no ha sido esa mi intención. Como dice un amigo: "Algunos deportistas somos sanos, también nos tomamos nuestras cervecitas".

1 comentario:

  1. Creo, en todo caso, en la presuncion de inocencia, y mi experiencia, me dice que no haga mucho caso a lo que los medios de información desiforman, para vender más. O ¿A caso venderían lo mismo si no estuviera implicada Marta? Demos, por tanto el tiempo necesario para que se practique prueba suficiente, y para que se juzgue debidamente, y entonces, podremos hablar de árboles caídos. De momento, sólo se está pretendiendo tumbarlos, desconozco si con razón o sin ella.

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