viernes, 28 de enero de 2011

Babel y sus dialectos.

Últimamente vamos de polémica en polémica. Sinceramente, creo que son artimañas generadas para desviar la atención popular de los temas que realmente nos preocupan. Como decía el poeta romano Décimo Junio Juvenal en una de sus sátiras: Panem et circenses.
Como no están los tiempos para repartir mucho pan y no parece haber nadie dispuesto a multiplicarlo, hemos de conformarnos con el circo que nos ofrecen redactado a modo de diatribas.
Este país al que yo consideraba tolerante y hospitalario, desde su principal metrópoli hasta su última aldea, me está sorprendiendo por la constante negativa a todo en estos últimos tiempos. Toros, religión, arte, tabaco, autonomías,...
Tengo la sensación de que nos estamos volviendo excesivamente ególatras con respecto a lo que creemos que poseemos y no es así. Me parece que se está extra limitando el papel del ser humano en la naturaleza y en este mundo por el cual estamos de paso, nada más... Bueno, creo que esto comenzó ya a engendrarse con los primeros imperios de "nuestra" historia.
La última comidilla ha resurgido porque en el senado del gobierno español se ha empezado a adecuar el uso de todas las lenguas territoriales de la nación porque supone mucho gasto y hace que se parezca más a Babel que al senado español.
Dudo que suponga tanto gasto y creo que ha generado algún empleo cumpliendo, además, con los derechos reconocidos en la constitución vigente que, en su artículo 3.3 reconoce la riqueza lingüística como patrimonio cultural, su respeto y protección.
Las vueltas que he podido dar -menos de las que quisiera- me han llevado a valorar esto.
Este gasto social y cultural lo considero una nimiedad comparado con lo que verdaderamente ha sumergido a este país -y a casi todo el mundo- en la crisis. Ya digo que no parecemos conformes con nada y estamos dispuesto a entrar al trapo de cualquier gladiador que nos echen a la arena -cualquiera echa un toro-.
¿Hay que usar pinganillo? He visto cifras que ni haciéndolos de oro pero considero que es una manera de conocer más sobre nosotros, algo de lo que no podemos presumir.
La polémica ha saltado por introducir traductores del gallego, catalán, vasco y valenciano, no porque sus señorías se dediquen a dormitar en sus poltronas. Pues bien, aún quedan por introducir la fabla, el bable, el riojano, el castúo,...

2 comentarios:

  1. Bien, por un lado estamos de acuerdo en lo del patrimonio lingüistico y tal y tal,
    pero yo me pregunto,¿que hay de malo en utilizar en ciertos ambitos la lengua común que todos conocemos? ¿ porque complicarlo con mas o menos gastos o parafernalia si realmente no es necesario?

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  2. Ya, pero una vez montado el circo prefiero aprender a ver dormitar

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