jueves, 24 de febrero de 2011

La dichosa y jodida mente.

La mente, la dichosa y jodida mente. Creo que es lo más frágil que una persona puede poseer. Bailamos sobre la cuerda floja que lo mantiene estable durante toda la vida y cualquier hecho puntual, lo que sea, por nimio que parezca... ¡pum, a tomar por el culo! De repente, se deshilacha toda la madeja de nuestra vida.
El entendimiento, la capacidad de comunicación, el relativo razonamiento, incluso nuestros movimientos,... todo depende de su estabilidad.
Cada tarde, veo a un hombre que parece haberse caído a uno u otro lado de esa imaginaria cuerda de la que hablaba. Físicamente parece una persona con todas sus facultades pero allí aparece cada tarde, se sienta en un banco de forja durante horas con la cabeza gacha levantando la mirada tan sólo en dirección de alguna esporádica carcajada proveniente de cualquier rincón de la plaza.
La mente, la dichosa y jodida mente. ¿Cómo superar rupturas, pérdidas, obstáculos,... cuentas matemáticas? A priori, hay una diferencia sustancial entre aprender a sumar dos más dos y recuperarse o concienciarse de la pérdida de un ser querido.
No soy un profesional de la mente, a la vista está, por lo que no podré deducir esa compleja o sencilla ecuación que nos ayude a comprender y manejar las teclas mentales pero estoy convencido de que hay alguna manera pero que, sobre todo, depende de la capacidad mental que tenga cada uno -no sé si me explico bien-. No es lo mismo tener el ordenador más sencillo que tener el más complejo de todos, al cual creo que se asimila más la mente humana.
Creo tener educada mi mente por encima de muchas cuestiones pero quizás eso haga tambalearse más mi mente sobre esa cuerda floja y este escueto texto no sea más que una paranóica conclusión a la que ya ha llegado el hombre del banco.

sábado, 12 de febrero de 2011

Mis limitaciones.

Llevo unos días vagando por la historia de la literatura y, aunque no parezca muy ético para mi propósito, me aplasta la idea de verme sometido a análisis métricos, rítmicos y demás rigores exigidos para culminar lo que, a fin de cuentas, considero imprescindible a la hora de escribir: Sentir.
Por decirlo de alguna manera, se siente con el tango -¡vaya que sí!- pero, yo al menos, no dejo de sentir también cuando suena un bolero, un rocanrol, un vals o una jota. Y yo, no me considero más que un simple rapsoda que trata de interpretar los descompases de la vida que vive en la vorágine histórica de arritmias en que se halla.
Sé que suena a excusa pero no me voy a esconder, sólo recuerdo que si algo tiene la literatura son licencias, versos libres, versos blancos, canciones,... Bueno, y, tal vez, a Juan Calle.
Cuando escribo, busco enamorarme de las musas para que me proporcionen el adecuado conjunto de palabras para formar las frases que quiero decir. Sin eso, dudo que pueda transmitirlo para encontrar lo que, a fin de cuentas, me parece imprescindible después de sentir: Hacer sentir. Después, llega la tarea de medir y rimar, porque me gusta como hobby pero no como imposición.
Ya conozco los rigores pero no sale de mí seguirlos -salvo circunstanciales casualidades-, es la manera en la que me gusta vivir y, por lo tanto, expresarme. Quien me conoce, lo sabe.
En breve, daré por concluido mi primer libro amparado en estas normas, mis normas. Sólo me queda buscar la manera de editarlo y sé que me va a provocar un auténtico quebradero de cabeza por esto que estoy diciendo pero tampoco busco ser el mejor escritor ni crear un género literario -¡por favor!-, estaré más cerca de pasar por un mediocre o mal escritor pero he hallado un sentido que a muchos expertos parece faltarles y lo que siento a través de mi obra no me lo quita nadie. Yo no concibo la literatura con escuadra y cartabón.
Cuando leo lo que escribo, lo siento y, si no, lo rompo o me tiro horas detrás de ello hasta conseguir lo que quiero. Creo que bastante criba es.
No obstante, a quien le apetezca podrá ir comprobando mis limitaciones en breve.
Por cierto, en el libro incluiré alguno de mis dibujos como el que acompaña este texto -veréis que mi limitación es extensa-.
Conste que este fragmento es el aura con el que envuelvo mis dudas para seguir adelante.
Jaque.