martes, 30 de agosto de 2011

Muerte.



Ven muerte tan escondida,
que no te sienta venir,
porque el placer de morir
no me vuelva a dar la vida.

Santa Teresa de Jesús.





Muerte
-Tercetos libres de varas-

Muerte, lejana amante que me rozas,
torpe mujer enlutada que gozas
con la irónica broma de vivir.
Muerte, pechos de luna ensalzados,
futuro prometedor sin pasado,
largo sueño que no dejas dormir.
Muerte, destino de mis esperanzas,
afilada excusa de venganza,
insoportable tedio de morir.
Muerte, tan súbita, tan repentina,
oculta detrás de la nicotina
que proporciona cierto elixir.
Muerte, dama embriagada de vino,
sangre de tierra cual alcohol divino
y paradoja vital de parir.
Muerte, luz final para los espacios,
permite que me muera muy despacio
para comprender qué fue existir.


3 comentarios:

  1. Las teresianas siempre tan hedonistas....

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  2. Fantástico este poema sobre la muerte... "lejana amante que me rozas". Me ha encantado, sólo me falta oírtelo recitar :-). Me gustan especialmente los tres últimos versos pero me llevaría el poema entero. Siempre un placer leerte, poeta. Un abrazo enorme,
    María Guinea.

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  3. Besos, Triana-Bel ;-P

    ¡Socia, creo que en breve empezaré a hacerlo, ya te contaré! Muchas gracias y más besos...

    Juan Calle

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