miércoles, 30 de julio de 2014

Nacional-istmo

No comprendo el nacionalismo. En ninguna de sus extensiones, territoriales o culturales.

La mayor parte de las veces, el sentido común es el menos usado por el más común de los sentidos.

Creo en un único origen y una naturaleza, no en entidades propias y, mucho menos, diferenciadas. Sin embargo, en toda clase de parajes está extendido este clasismo en las antípodas de lo natural, este apego por lo ancestral subjetivo.

Tengo un relativo conocimiento de mis orígenes hasta el big bang y mis propias suposiciones en los ancestros de estos.

Defender el nacionalismo es mandar a tomar por el culo cósmico –agujero negro no me suena mejor- el verdadero origen de las especies.

Sólo lo que concebimos, en lo más profundo del sentido descriptivo, como naturaleza ha existido y seguirá siendo, con sus respectivas explosiones e implosiones.

lunes, 14 de julio de 2014

Encierros

Un día, o quizás fue de noche, decidió cerrar a cal y canto la pequeña vivienda en que residía.

En los noticiarios salió como algo anecdótico pero tergiversaron la realidad de sus intenciones. Dijeron que se había encerrado en protesta de “no sé qué”, porque no estaba conforme con “no sé cuantos” y lo tildaron poco menos que de enajenado mental por sus actos. Usaban, eso sí, el participio irregular “supuesto”.

Lo que no se contó por la ignorancia y oportunismo de los medios es que no se encerró él, como afirmaban.

Ese buen día, o noche, decidió cerrar al mundo.

viernes, 11 de julio de 2014

El sexo

Me gustaría saber qué escribir
para llevarte a la cama.

Después
ya vendrá la muerte
y tendrá tus ojos,

y esas cosas.


jueves, 10 de julio de 2014

EL SENTIDO

*La cordura juega malas pasadas, sobre todo cuando se quiere convertir un sueño en instinto. La locura, en cambio, es fiel al sentido subdesarrollado de la ilusión.

Siento la escasez de sentidos. No me basta con ver que te traicionas, respirar el azufre de tu pasión desencadenada, trazar el vértigo de las cicatrices de tu pasado apagadas en tus brazos con mis callos de tanto socavar deseos, degustar la enésima derrota o escucharte negármelo todo de nuevo.

Necesito intuir otro pasado o ser capaz de mentirle, otra vez, al maldito corazón pero ya no hay crédito. Demasiadas personas mueren fuera de mi cuerpo por míseras razones.

Esta enajenación es permanente, como la parálisis que sufro en ciertos músculos sentimentales. Y todo porque no he sabido sentir a tiempo.

Sigo a lo mío sin escucharte y no veo venir la indigestión que me producirá tu nauseabunda derrota esparciendo sobre mí tus cenizas.



No me dueles, no. Ya no y, claro está, no puedo sentirlo.


*Juan Calle.
Año 5514
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