viernes, 18 de septiembre de 2015

Moguer, 18 de septiembre de 2015

Mira, mijita.

¡Qué bonita parece la luna incluso esta noche! Aunque te pretendan mostrar la influencia de seres imaginarios y miedo en el cuerpo por infinidad de prohibiciones de falsa moral e infundadas razones, esa luna que se presenta tan escuálida esta noche tiene mucha más influencia sobre nuestras vidas que todas esas falacias.

Pues bien, cariño, resulta una paradoja de mal gusto que esta noche presente forma de guadaña porque segará la vida de muchas personas. No la luna directamente, claro, pero será testigo de cómo acucia la muerte en las vidas humanas sometidas al yugo de su propia inhumanidad. Y no sólo esta noche, sino cada noche, pero te lo escribo en ésta.

Habrá, no lo dudo, infinidad de personas, salvando las franjas horarias, que disfruten de una u otra manera de esta luna tan bellamente mortal, bajo un halo de indiferencia, me atrevería a afirmar, sin cuestionar por ello una actitud despreocupada ni irracional. Y habrá quien perezca sin que tenga nada que ver con lo que pretendo mostrarte.

Pero nunca olvides, mijita, que bajo este cielo aparentemente sereno también se cobijan demasiadas vidas cuyo “techo” se muestra más “desconcertante” que para nosotros, por la soberanía de los "cielos desconocidos" y las razones incomprensibles de quienes se postulan, quienes se creen elegidos para ocupar un territorio idealmente delineado.

De ahí, y sé que me reitero, la importancia no sólo de la educación sino también, una vez recibida como nos la hacen concebir, de la capacidad de progreso y de abrir la mentalidad… De evolucionar, mi vida. Pues con ello es importante adquirir el sentido de saber apreciar el entorno sin magias ni milagros sino aceptando la ignorancia propia de las condiciones del lugar por parte de quienes estamos de arrendamiento en la naturaleza, de paso, nada más. Valorar lo mucho o poco que tengamos porque siempre será más que lo que otros ni siquiera conciben. Reclamar, sin embargo, lo que otros usurpan porque es más de lo que nosotros somos capaces de concebir. Y buscar un equilibrio, y procurar ser responsable con el legado de nuestras huellas.

Y también he de reiterarme en mi egoísmo para contigo, mijita, pues puestos a no alcanzar la utopía deseo que todo lo que te cuento no lo conozcas allende mis misivas, que pertenezcas a esa clase de personas que, por enamoramiento, por estudio,  o por cualquier otra inspiradora evocación, disfrutes de “estas lunas” voluntariamente y no te acomplejes contando estrellas en las noches que te resten de vida, y espero que sean muchas y vivas. Que si tienes que saber de esto no tengas más experiencia que el que la capacidad de observación te permita.


Mira, mijita, bajo esta misma luna morirán de hambre o de frío infinidad de personas que no lo merecen, al menos, más que otras que descansan plácidamente tras planear el devenir de los primeros. Y, sin embargo, la necedad del ser humano completa portadas con uno tan sólo de los segundos como si fueran iconos de la ética, rendidos a una pleitesía tergiversada en el orden de factores.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Moguer, 3 de septiembre de 2015

Mira, mijita, tiene la misma edad que tú.

Sus padres también querían lo mejor para él, sin duda, pero se topó con el peor animal que hay sobre la faz de la tierra: el ser humano, al que de humanidad ya no le queda nada.

Como ves, no juega con una pelota en la playa y ya no tiene miedo de que le alcancen las olas.

Podría haber ido contigo a la guardería y empezar el colegio la próxima semana, quién sabe, si en tu misma aula.

¿Y sabes lo que es peor? Mis lágrimas no van a solucionar nada, con el tiempo comprenderás por qué papi tiene el corazón más negro que los pulmones y odia a los gobernantes, y empieza a odiar a quienes les votan. Es injustificable ya esta ineptitud. Ya comprenderás el sentido de tirar la piedra y esconder la mano.

Y pienso en la próxima guerra que vendrá, y nos tocará a nosotros, porque será la consecuencia obvia de toda esta inhumanidad, y mira si soy egoísta que sólo pienso en cómo evitar que eso mismo te suceda a ti, antes incluso de pensar en cómo puedo evitar tanta atrocidad como individuo.

Ríe, mijita, ríe mientras puedas. Ya sabes que ahí está mi patria, en tu sonrisa. Espero que no venga nadie a expatriarme, nadie debería saber lo que es eso.

Disculpa que se me ahoguen las palabras, cariño, como el nene tumbado en la orilla.

Moguer, 9 de septiembre de 2015

Comienza un nuevo ciclo en el que habrá que luchar contra gigantes retrógrados y recalcitrantes que manejan la educación pública, en la que mañana inicias una nueva etapa de tu vida, mijita.

Espero saber contrarrestar lo suficiente los fantasmas del pasado, aún presentes inculcando miedos y restando valores, para que puedas ser tú misma y actualizada a los tiempos que deberías vivir... para que puedas desarrollarte como persona tal y como hayas de ser por ti misma, orgullosa y sin complejos, como viene siendo y ha de ser.

No voy a cargar sobre tus hombros lo que no he sido capaz yo de levantar, pero no sólo te preparas para el futuro: Eres el futuro, mijita.

Brindo a tu (eterna) salud, mijita, por el proceso natural de la evolución y porque no se apague la lucidez que destaca en tus instintos ni el brillo de tu mirada.