lunes, 29 de agosto de 2016

¡Ay, Moguer!

No me gusta explicar lo que escribo pero considero necesario ubicar el contexto del siguiente soneto. En la edición de Voces del extremo 2016, un poeta recitó sobre la necesidad de despojarse de lo material, lo que llevó a cabo con un desnudo integral. Lejos de comprender el contexto y/o analizarlo dentro del respeto que creo que se debe a semejante actuación, un sector (ojo, no todos ni todas) de la población de Moguer comenzó a lanzar exabruptos que, la verdad, considero que ni vienen a cuento.

Es sobre la paradoja de la moral de ese sector sobre lo que escribo, sobre el cinismo que veo en los que apedrearon al loco que hablaba con el burro y lloraron al nobel de la localidad, a ese permanente vivir del poeta y no hacerse eco de los certámenes poéticos (¡ya vienen los "zumbaos", dicen) salvo para hacer caja... Que ese sector no se moleste, ya me declaro yo persona non grata para ellos y ellas.


¡Ay, Moguer, qué difícil es quererte!
¡Cómo te gustan los gritos al cielo,
las procesiones que enceran el suelo,
soslayar a quienes vienen a verte,

abonar aceras sueltas a suerte,
campanadas de madrugada al vuelo
o lo más infamatorio del libelo!
Y, sin embargo, lo que te pervierte

son poetas que muestran interiores,
no el dinero con que ha pagado
poder actuar para que lo desprecies.

¡Y adoras mitos en paños menores!
¡Qué incongruente!... Haber rezado
no borra el origen de las especies.

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