jueves, 15 de septiembre de 2016

Carta abierta al sr. Cañizares

Sr. Antonio Cañizares
En uso de la misma libertad de expresión que arguye utilizar, le expresaré la zozobra que me genera cada vez que abre la boca pues, una vez revisado (por encima, no se vaya a pensar) su memorándum de declaraciones públicas, no me queda otra que replicar sus consignas y, ya de paso, tratar de enmendar el daño que la empresa que usted representa genera en la sociedad.
Como observo que la fiscalía general del estado se muestra condescendiente con ustedes saltándose la premisa principal del cargo, cuando deberían de “promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los tribunales y procurar ante ellos la satisfacción del interés social”, supongo que conmigo deberán hacer lo mismo, máxime cuando yo no tengo la repercusión social ni los medios para ello que ustedes ostentan. Y mire bien que habla de ciudadanos e interés social, además de deber actuar de oficio, no de entidades, empresas, clanes, imperios, etc., etc., etc..
Y, claro, para ello partamos de la base de que usted y yo compartimos nacionalidad, pese a que usted se prodiga como emisario del imperio autócrata católico con sede en el Vaticano… pero actúa en este país. Entiendo que esto será el problema que halla la fiscalía general para no ubicarle a usted en el lugar que le corresponde. Pero, por si acaso, pues en ciertas causas aún se permite el beneficio de la duda, voy a tratar de remarcarle a usted y a quien quiera atender ciertos comportamientos suyos que se encuentran calificados como delitos en el código penal de este país.
Comencemos sobrevolando el artículo 205 que define como delito contra el honor por calumnia “la imputación por un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad”. Para que no se haga el longuis, le recordaré que, aunque dudo que no conozcan su falsedad, sí muestran su desprecio hacia la verdad por mediación de sus consignas religiosas y toda la palabrería, pues no será otra cosa hasta que sean capaces de demostrar fehacientemente las “enseñanzas” o engaños que profieren a quienes se dignan a escucharles pero que repercute, por lo mediático de su posición social, a quienes estamos cansados de sus insolencias y faltas de respeto y a quienes nos descalifican una y otra vez por saber que no hay nada de lo que ustedes hablan. Y le insto a que proporcione las mismas pruebas que se requieren para dar probada la inocencia en la comisión de otros delitos, es decir, esconda bien el cadáver porque ningún juez suele aceptar que alguien se justifique con un “yo no quería” o “yo no sabía”. El artículo 207 le exonerará. De no ser así, abandonen las escuelas y dejen paso a la ciencia y a la evolución que eso sí es probado, aunque algunos científicos aún no les presenten la oposición debida.
De los artículos 208 y sucesivos, sobre la injuria, me da pereza abordarlo porque es una constante manera de abrir la boca y usar la voz. Y para más ende, como ya he dicho anteriormente, con publicidad pues la ostentan desde la posición social que poseen.
Como le decía al principio, sólo he ojeado su recital de desprecio y descalificativos a gran parte de esa masa social por la que debería velar prioritariamente la fiscalía general. Temo que si indago más, pueda encontrarme con cosas más desdeñables. Por lo pronto, ha cargado con calificativos despreciables contra las personas que tratan de llegar a este país, contra las personas por género o preferencia sexual,… Disculpe, pues en esto puedo estar equivocado, pero me ha entrado el pánico cuando al abrir la boca ha dicho “niños” y después ha apuntillado “amar hasta el extremo”, supongo que se habrá explicado como un guiri en un restaurante pero dados los precedentes de la marca mercantil que representa y teniendo yo descendencia, me han saltado las alarmas del instinto paternal, algo que por mucho que usted se empeñe jamás llegará a conocer.
Sé que usted no ignora todo esto y sólo puedo pensar en un cínico modo de vivir pues se le presupone cierta capacidad de comprensión para llegar a su posición aunque ignoro los métodos por los que ustedes van ascendiendo de cargo, por lo que vaya a usted a saber.
¡Ah! No le he dicho que le escribo desde un lugar que, para usted, está lleno de trigo sucio y, sin embargo, se convive y, además, los gais buscan su unidad familiar como las feministas, los que no nacieron en estas tierras, los que se consideran heterosexuales, los políticos de diferentes ideologías,… bueno, prácticamente todos pero sin destacar desfases estadísticos entre unos y otros, salvo el cura quien también parece empeñado en marcar la vida de los demás pero que a él no le toquemos y le dejemos en paz y, a ser posible, reverenciarlo.
Mi propósito principal, pues no es sólo el de separar a mi descendencia de ese mito con el que tanto machacan la ejemplaridad de la que ustedes carecen sino, sobre todo, de ustedes, señores (y digo bien, porque ya han dejado claro dónde ubican a las mujeres desde su negocio) que mercadean desde la doctrina retrógrada de un libro de fábulas. Y no sólo por lo degradante de la enseñanza que ostenta dicho libro sino también por los precedentes que arrastran desde su posición gestora mediática, máxime cuando lo apuntilla “hasta el extremo”, pues como ya he dicho ya sabemos de qué va esto. Y para que quede más claro aún, sí, soy consciente y me doy cuenta de lo que hago no permitiendo que mi prole se apunte a la doctrina borreguil que tratan de inculcar los caciques de la iglesia católica (ni ninguna otra, de haberla), desde la ideal provecta edad, a través de los centros de educación públicos con dinero de todos, a pesar o por ello del imperio y patrimonio que gestionan.
Dado el probado lastre mental que profieren, aunque lo nieguen está probado, y ya que las mentalidades gubernamentales de esta sociedad aún no están a la altura para ejercer ni ésta ni muchas otras responsabilidades, no sólo la fiscalía general, sería el primer gesto que yo apreciase de ustedes si se dignaran a salir de la educación pública voluntariamente y, dicho sea de paso, volcarse en una auto campaña para pasar a título personal, como ha de ser, la práctica religiosa, que yo no voy con mis ideas profanando sus lugares de reunión y exposición.
He de reprobarle que alguien que jamás ha tenido ni tendrá una unión de hecho o matrimonio (ni siquiera católico), supongo que no se ha visto inmiscuido directamente en una necesidad de aborto, no ha tenido ni tendrá razones para llegar a los extremos que han de darse para una separación, ni padecido o disfrutado de un núcleo familiar a partir de una convivencia y planificación personal y conjunta con otra persona, tenga las gónadas de tratar de marcar el ritmo que cada cual ha de vivir en su intimidad con su familia.
Dice que hay ideologías que matan. Ya, y lo dice un súbdito con alta representación del imperio autócrata que ostenta uno de los registros más sangrientos de la historia de la humanidad en su haber mediante el que ostentan, por cierto, el poder imperial desde el que sub-gobiernan casi medio mundo. No seamos más cínicos ni neguemos más evidencias, aunque eso parece ser un defecto de su profesión.
¿He de recordar que el derecho de libertad religiosa, por pura sintaxis y definición, no ha de implicar la obligatoriedad de recibirla y verse “bombardeado” con sus símbolos y profanaciones a quien convive también en esta sociedad y que se quiere mantener alejado del peligro que ven en sus mentes arcaicas, retrógradas y menospreciantes?
Yo también sé manejar mi libertad de expresión pero, claro, a diferencia de ustedes, ni soy tan mediático ni, por ende, influyente y, por fortuna, no me amparan siglos de existencia derrochadora de opresión y mezquindad. Desglose mi vocabulario y verá que tampoco falto al respeto porque hablo sobre hechos probados, no imaginarios bajo el que ustedes enarbolan la bandera del odio y la segregación en vez de preocuparse de buscar la verdad de cuanto nos rodea bajo las consignas de una recopilación de escritos escogidos y adaptados  de entre tantos sin más prueba que la palabra.
Supongo que no traerá a bien atender a lo racional alguien que se manifiesta tan abiertamente a favor de la liturgia tradicional como sentido para mantener con vida su ideología. No obstante, y dada su posición y supuesta sabiduría, le insto a que demuestre científica y lógicamente, con la razón y pruebas y no con el sentido ni los sentimientos o intuiciones, que todos los paradigmas que ustedes nos venden (y a qué precio) son hechos y no palabras.
No me interesa en absoluto lo que usted y todos sus séquitos hagan en su vida privada, allá ustedes, pero dejen de inmiscuirse en la sociedad de una vez pues esa la conformamos todas y todos, mal que le pese.

Sólo puedo despedirme deseándole una mayor salud mental ante la delusión que padece.

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